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La raíz de los conflictos humanos

La vida humana, la sociedad humana, está plagada de conflictos. Lo que ocurre en el interior de un individuo también es visible en la sociedad en la que vive. La naturaleza de los conflictos es tal que encontrar soluciones no parece ser tan sencillo como se podría pensar. Los conflictos no sólo tienden a prolongarse, sino que además crecen. Un conflicto se superpone a otro, lo que supone, y esto es una faceta típica de la naturaleza humana, la creación de "edificios" de conflictos. Los conflictos tienden a estructurarse en construcciones muy complejas en las que cada parte tiene un argumento que defender. En otras palabras, no hay posibilidad de ver la verdad, el único razonamiento que todos pueden adherirse. Pero si las situaciones de conflicto humano ya no son resolubles, ¿cómo puede tener futuro la humanidad en su conjunto? Para ello es necesario que investiguemos la raíz del problema, en este caso el origen del conflicto humano.

Un individuo tiene un conflicto desde el momento en que no quiere algo que está presente en su vida. Ahora el individuo está en conflicto con la vida, o con algún aspecto específico de la misma. Desear algo es el formato más utilizado por los humanos. Deseamos algo que percibimos como ausente en nuestra vida en este momento. Puede que esté presente, pero si no podemos verlo y lo queremos, empezamos a desear tenerlo. De hecho, este "querer" es el resultado directo de que no estamos satisfechos con la forma en que percibimos nuestra vida o partes de ella. Hay algo ahí que no queremos y, a fin de cambiarlo, deseamos que sea sustituido por otra cosa. Si ya sabes que tienes algo, no lo deseas. Reconoces que está en tu vida y por lo tanto no necesitas desearlo. Así que desear algo es la expresión inversa de "no desear" lo que está ahí, de rechazar lo que está. A menudo nos resulta más fácil expresar lo que queremos que identificar y describir lo que no queremos. Ambas cosas sirven para expresar la insatisfacción.

Cuando no queremos algo que forma parte de nuestra vida, básicamente nos gustaría que se fuera, que desapareciera, que se esfumara. Cuando no queremos algo que forma parte de nuestra vida hay tres formas posibles de responder al conflicto que acabamos de expresar. Hay tres formas de afrontar esta insatisfacción.

En el primer caso, puedes sentirte víctima de lo que la vida te arroja y realmente te gustaría que la vida dejara de hacerlo. Te gustaría que lo que no te gusta desapareciera. El mundo exterior, donde sientes que se origina el problema, debería quitarlo. Es responsabilidad del mundo exterior, ya que es el mundo exterior el que ha creado el conflicto que tienes, o al menos así es como percibes la situación. Para obtener un resultado positivo a este conflicto se nos dice que tenemos algunas herramientas en nuestro poder que pueden hacer que su deseo se haga realidad. Se nos aconseja que pensemos en positivo, que visualicemos el resultado que deseamos, que recemos a un poder superior. Y aunque estos métodos pueden centrar la mente en el conflicto y, en particular, en la forma en que queremos que evolucione el conflicto, puede resultar evidente que ninguno de ellos tiene una influencia directa en la eliminación de lo que no deseas en tu vida. Tanto si utilizas alguno de estos métodos como si no utilizas ninguno, si lo que no deseas es eliminado de tu vida lo hace tu entorno, por motivos que le convienen a ese entorno, no porque hayas rezado con la palabra adecuada o porque tu visualización haya manifestado directamente la imagen que tienes en tu mente.

Una segunda respuesta que puedes dar a un conflicto recién introducido es estar decidido a no dejarte avasallar. No lo vas a tolerar, ¡y punto pelota! Así que ahora has declarado la guerra a la situación en la que se encuentra tu vida. De hecho, se podría decir que has declarado la guerra a tu propia vida, ya que es esta decisión la que establece que existe un conflicto. En este punto comienza la lucha. Ahora harás todo lo que esté en tu mano para evitar que lo indeseado siga invadiendo o molestando tu vida. Pondrás todos los medios a tu alcance en esta lucha. Te costará mucha energía, y a veces incluso estamos dispuestos a ofrecer otras cosas en nuestra vida simplemente para intentar ganar esta lucha en particular. Un conflicto y los requisitos para seguir luchando pueden ir mucho más allá de su impacto original en tu vida. En última instancia, sólo hay dos resultados posibles.

Uno de ellos es que consigas eliminar realmente el conflicto, lo no deseado, de tu vida. Eres capaz de detener por completo la influencia que tiene en tu vida, destruyendo lo indeseado o haciendo que desaparezca. Un resultado exitoso es sólo uno que es permanente. En otras palabras, necesitas finalizar el resultado, no aplazar temporalmente lo indeseado y tener que volver a lidiar con ello en una fecha posterior. Ganar significa destruirlo por completo o ahuyentarlo sabiendo que no querrá volver. Una solución permanente es el único resultado aceptable para tu propia vida, dejándote con "paz mental".

Cualquier otro escenario desemboca en un conflicto permanente, casi interminable. Esto seguirá consumiendo tus energías, tus reservas, y debilitando tu vida. Un conflicto que se prolonga, una guerra, siempre es perjudicial para el sistema, incluso si, al final, se consigue sacar ventaja. La razón de esto es que no se trata de quién gana la pelea. Se trata de la cantidad de energía que puedes gastar, que eres capaz de extraer de tu sistema, antes de que sus funciones vitales empiecen a fallar. En otras palabras, un ser humano no está hecho, no ha sido construido, para una vida de lucha. Se supone que los conflictos han de ser de corta duración y con un aporte energético limitado. Es mejor que los humanos sean conscientes de este hecho natural. Si no tienen en cuenta esta verdad, perjudicarán seriamente, incluso con peligro de muerte, sus propias vidas. No es el conflicto en sí lo que crea este efecto. Es la manera en que reaccionamos ante el conflicto. Optar por luchar en una guerra física o mental es siempre, sin excepción, un drenaje masivo de recursos. Y no olvidemos que el conflicto ha sido creado por el individuo. Comienza con el "yo no quiero esto".

La última respuesta posible que puede tener alguien ante una situación recién surgida es no entrar en conflicto. Uno puede decidir aceptar las condiciones cambiantes de la vida y no oponer resistencia. Así que si decidimos no resistir la situación diferente, si no entramos en la ‘zona de guerra’, podemos observar desde posiciones al margen. Dejamos la situación como está y observamos. Como la situación es nueva para nosotros -de ahí el sentimiento de no quiero esto-, observando e interfiriendo lo menos posible estaremos aprendiendo mucho sobre esta nueva situación de forma muy rápida. Con este conocimiento y perspicacia podemos ser capaces de planificar un trayecto a través de la situación. Podemos emplear nuestra energía en adaptarnos al nuevo entorno en lugar de entrar en guerra con él. Esta respuesta da lugar a una armonía sin conflictos dentro de nuestro sistema. No nos quejamos. No nos resistimos a él. No intentamos alterarlo. Ninguna de nuestras energías se desperdicia persiguiendo un "quiero" o luchando contra un "no quiero". En lugar de eso, toda la energía se gasta en circular con los cambios del entorno y hacerl lo mejor que podamos.

Una vez que nos damos cuenta de la cantidad de energía que dedicamos a lidiar con los conflictos de nuestras vidas, ya no debería sorprendernos porqué tantas personas se sienten cansadas, están enfermas y están muriendo. Y el responsable de estos desenlaces nunca es el conflicto en sí mismo. Son el resultado directo de la forma en que respondemos a un entorno que ha cambiado. Si insistimos en que queremos que sea diferente de lo que realmente es, tenemos un conflicto. En cambio, si conseguimos hacer algunos reajustes internos para poder desplazarnos por ello, nos mantenemos libres de conflictos, lo que se traduce en buena salud y una vida equilibrada.

Puede que algunos de ustedes piensen ahora que si nadie se opusiera a la crueldad y a la injusticia no cambiaría nada y todo iría a peor. ¿Puedo preguntarles, ante todo, si realmente creen que todas esas luchas en la historia de la humanidad han creado más justicia y tolerancia en la sociedad o menos? Además, la ciencia nos enseña que allí hacia donde dirijamos energía esas intensificamos esas interacciones específicas. Por tanto, cuando opongo resistencia a otra persona, a otro grupo o a una autoridad, ellos van a "defenderse" creando una barrera más poderosa, a la que yo tengo que reaccionar dirigiendo aún más energía a la zona de conflicto. Si al hacer esto el muro se derrumba y la barrera desaparece para siempre, entonces puede ser energía bien invertida. Sin embargo, si el conflicto se prolonga y los muros siguen subiendo y subiendo, y cada vez están todos  más cansados y menos ocupados en vivir su propia vida, entonces el análisis es totalmente diferente. La vida misma acabará destruyéndose por no poner fin a un conflicto. El problema es tener que decidir cuándo es ya suficiente, cuándo ignorar a tus amigos y vecinos que te pinchan para que no te rindas. Uno no tiene que enfrentarse con esto si de entrada no ha convertido el entorno cambiante en una zona de conflicto.

Desde el punto de vista de la salud, tanto si se trata de la salud personal como de la salud de una nación, uno debe guiarse por sus propios niveles de energía, sus propios puntos fuertes y débiles para elegir la respuesta adecuada. También hay que tener en cuenta que entrar en muchas zonas de conflicto dispersará la limitada energía de que se dispone y dejará rápidamente a las funciones vitales luchando por llevar a cabo todas las tareas que la vida les exige. Desde este punto de vista, tiene mucho sentido minimizar el tiempo que pasas en conflicto. Y hay dos maneras de hacerlo.

  • Ser muy exigente con aquello por lo que se quiere batallar

  • Cuando empieces una batalla asegúrate de que sea corta​

Elige sólo luchar por algo que sea de vital importancia para tu supervivencia. Asegúrate de que no tiene nada que ver con la imagen, el estatus, los sentimientos heridos, la venganza, la envidia, el miedo, la autoestima, y tantas otras emociones y normas establecidas por la sociedad. Tener derecho a algo que se te ha negado no justifica una larga batalla que podría incluso matarte. Sólo hay que luchar cuando es absolutamente necesario para la supervivencia. Y, en esencia, se trata en su mayoría de vulneraciones a tu vida que provienen de la estructura humana de la vida. Nuestras vidas se ven principalmente amenazadas por otros seres humanos y por la construcción de la sociedad humana. Estar limitados en la vida por circunstancias naturales nos permite sentir que no hay nada que podamos hacer al respecto. Estar limitados en la vida por otros seres humanos indica que la vida podría ser diferente, y que podemos y debemos hacer algo al respecto.

Elige sólo un combate que puedas ganar, y que puedas ganar rápidamente. Rápido no se refiere al tiempo en este sentido. Se refiere al gasto de energía. Si puedes eliminar el conflicto de tu vida con unas cuantas ráfagas cortas de energía, tu vida no sufrirá mucho por ello. De hecho, será capaz de recuperarse totalmente una vez que hayas vuelto a una zona libre de conflictos.

Estar en conflicto crea una carnicería y estar crónicamente en conflicto crea la muerte. Y recuerda que no es el entorno cambiante el que crea el conflicto. Somos nosotros, al reaccionar ante los cambios rechazándolos, no aceptándolos. Así que nosotros mismos creamos nuestros propios conflictos internos, los mismos que nos harán enfermar y nos matarán. Nuestro entorno, la naturaleza, no va a cambiar nada simplemente porque nosotros la culpemos de nuestra desgracia. La naturaleza no cambia simplemente porque nosotros lo queramos. La vida, la naturaleza, están en constante evolución y nosotros, los humanos, somos parte integrante de esa evolución. Estamos siendo constantemente movidos por fuerzas que son incluso mucho más grandes de lo que cualquier fuerza humana pueda ser, y si nos negamos a aceptar esto estamos entrando en una vida dedicada a batallar con la naturaleza, una batalla que no tenemos manera de ganar nunca. La humanidad, ―y todos nosotros estamos siendo arrastrados a esto―, ha decidido que no acepta la naturaleza como una fuerza superior, por lo que está batallando con ella. La humanidad está luchando contra la naturaleza porque ha decidido que ella sabe más. La humanidad ha creado un conflicto y ha decidido luchar, al parecer, hasta la destrucción de la propia humanidad.

La raíz del sufrimiento humano es el conflicto. La raíz del conflicto humano es la elección que hacemos sobre cómo reaccionar a los cambios, y la adhesión a deseos que quedan fuera de nuestra realidad actual. El deseo de que la vida sea diferente de lo que es, es lo que nos está matando. Tanto al individuo como a la humanidad.

Quizá te resulte útil modificar expresiones como "quiero" y "no quiero" por un simple "ya veremos".